La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
El 5 de febrero expiró el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START), vigente desde 2011, que establecía límites obligatorios sobre los arsenales nucleares estratégicos de la Federación de Rusia y los Estados Unidos. Con su fin, ambas potencias quedan sin restricciones vinculantes sobre el desarrollo, despliegue y verificación de sus fuerzas nucleares estratégicas por primera vez en medio siglo.
Este tratado, firmado en abril de 2010 en Praga y prorrogado en 2021, impuso topes verificables: un máximo de 700 misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados desplegados, junto con un límite de 1.550 ojivas y 800 lanzadores desplegados y no desplegados. Además, detallaba un régimen de transparencia con inspecciones mutuas, notificaciones e intercambios regulares de información, facilitando el conteo confiable de armas estratégicas y sus vectores. Según el entonces presidente Dmitry Medvedev, esto constituyó una base para la confianza en materia de seguridad internacional.
El tratado reemplazó acuerdos previos firmados en 1991 y 2002. Su expiración ocurre en un contexto de tensiones geopolíticas elevadas entre Rusia y Estados Unidos, sin que ambas partes hayan concretado negociaciones para un nuevo mecanismo de control ni compromiso formal para prorrogar o reemplazar el régimen de verificación.
La desaparición de este pacto implica la supresión de la única limitación jurídica vigente sobre las mayores fuerzas nucleares estratégicas del mundo. Diversos analistas y autoridades, como el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, han advertido que la ausencia de límites y transparencia puede incrementar riesgos de desconfianza y errores de cálculo. Hasta la fecha, no se han formalizado iniciativas bilaterales para establecer un marco regulatorio alternativo.


