Jaime Goig
(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.
El Gobierno de Noruega ha comenzado a enviar notificaciones formales a miles de ciudadanos informando de que determinados bienes civiles —inmuebles, vehículos, embarcaciones o maquinaria— podrían ser requisados temporalmente en una situación que el Estado considere una amenaza grave para la seguridad nacional. La medida, presentada por las autoridades como un ejercicio de planificación preventiva, se enmarca en la doctrina de “defensa total” que Oslo impulsa para integrar recursos civiles y militares ante escenarios de crisis.
Las cartas, remitidas desde 2025 y que continuarán a lo largo de 2026, no implican incautaciones inmediatas. En teoría se trata de identificar con antelación recursos logísticos potenciales para las Fuerzas Armadas noruegas, de modo que puedan activarse con rapidez si el marco legal de emergencia llegara a aplicarse ya que la base jurídica de estas notificaciones no es nueva. Noruega dispone desde la Guerra Fría de una legislación de requisiciones que permite al Estado movilizar bienes privados “en guerra o cuando la guerra amenaza”, así como adoptar medidas preparatorias en tiempo de paz. Normativas similares existen en otros países europeos, incluidos Suecia, Finlandia, Francia o España, donde los estados de excepción contemplan la utilización temporal de recursos civiles para fines de defensa o protección civil.
Lo distintivo del momento actual no es, por tanto, la existencia de esa potestad legal, sino su visibilización pública y su inserción en una narrativa de preparación para una supuesta confrontación militar. El Ejecutivo noruego ha declarado 2026 como “Año de la Defensa Total”, con ejercicios y revisiones de planes de emergencia que implican a administraciones, empresas estratégicas y ciudadanía. Es la fabricación institucional del miedo.
La narrativa de la amenaza y el papel de la OTAN .- El debate se ha intensificado por el contexto geopolítico en el que se presentan estas medidas. Desde Oslo se insiste en la necesidad de estar preparados ante un entorno de seguridad altamente inestable en el Ártico y el Atlántico Norte, citando a la OTAN y a Rusia como referencias habituales en el discurso político y mediático. Sin embargo, la realidad, según se desprende del propio análisis euro-atlántico es otra: no existe ninguna amenaza militar directa contra Noruega; no existen declaraciones oficiales del Kremlin ni documentos doctrinales rusos que apunten a una amenaza militar.
Los análisis procedentes de centros académicos y estratégicos coinciden en que la prioridad rusa en el Ártico se centra en la disuasión, la protección de rutas marítimas y de infraestructuras energéticas, más que en la proyección ofensiva hacia países vecinos. En ese marco, Noruega aparece más como un actor integrado en la arquitectura militar de la OTAN —con presencia reforzada de fuerzas y medios aliados en su territorio— que como un objetivo explícito de una supuesta agresión.
La política del pánico .- Aun sin una amenaza concreta identificada, el impacto social de las notificaciones ha sido significativo. Para muchos destinatarios, la carta supone un recordatorio tangible de que los bienes privados podrían pasar a desempeñar una función “militar” en un escenario casi cotidiano. El Gobierno insiste en que se trata de una medida administrativa y preventiva, pero el debate público refleja la inquietud por la normalización de un lenguaje de guerra en ausencia de conflicto. Por eso, aunque en términos comparativos, algunos expertos en seguridad señalan que la “defensa total” noruega se asemeja a modelos aplicados históricamente en países nórdicos, el contexto comunicativo actual es bien distinto: la planificación se expone de forma explícita en un momento de elevada tensión internacional y de reforzamiento de alianzas militares ya que el verdadero objetivo no es defenderse de una invasión imaginaria: es consolidar un modelo de control donde la seguridad es definida por y para los intereses geopolíticos de la OTAN.
El envío de estas notificaciones sitúa a Noruega ante la preparación psicológica de la sociedad para escenarios de crisis. Mientras el Ejecutivo defiende la transparencia y la anticipación como virtudes, voces críticas advierten de que la insistencia en una amenaza difusa contribuye a legitimar una mayor militarización y a diluir la frontera entre seguridad objetiva y alineamiento estratégico.
En ausencia de indicios verificables de un riesgo inmediato, la cuestión central no es la legalidad de la requisición —ampliamente asentada—, sino el marco político y comunicativo en el que se activa. La evolución de este enfoque y su recepción social marcarán hasta qué punto la “defensa total” se consolida como una política de consenso o como un síntoma de un “espacio europeo” que se acostumbra a planificar la excepción como norma para el sometimiento de sus ciudadanos.
Fuentes : – Forsvaret (Fuerzas Armadas de Noruega)


