Adrián Sánchez Sallán
(España) Editor en La Iberofonía, especialista en defensa y geopolítica. Combina su profesión como técnico en procesos industriales con sus estudios en el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es portavoz del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Desde nuestro periódico analizamos el artículo O idioma espanhol e a geopolítica mundial do Brasil, publicado por Gazeta do Povo, firmado por Santos Gracia Villar, presidente de la Fundación Universitaria Iberoamericana (FUNIBER); Oldemar Nólio, presidente de la Universidad Internacional do Cuanza (UNIC); Álvaro Durántez Prados, director de la Cátedra FUNIBER de Estudios Iberoamericanos y de la Iberofonía; y Gean Marques Loureiro, exalcalde de Florianópolis. En dicho texto se examina la aspiración de Brasil a consolidarse como una potencia benéfica de alcance global en el siglo XXI y el papel que el idioma español puede desempeñar en esa proyección. A partir de sus planteamientos, se propone una reflexión más amplia sobre la función de Brasil como articulador del espacio iberófono y sobre la necesidad de construir un ámbito de influencia propio que refuerce su posición tanto en América como en el escenario multipolar emergente.
El texto de Gazeta do Povo parte de una premisa fundamental: Brasil ya se percibe —y es percibido— como un actor con vocación global. Sus dimensiones demográficas, territoriales y económicas lo colocan objetivamente entre los grandes Estados del sistema internacional. Sin embargo, el artículo acierta al señalar que estas condiciones, siendo necesarias, no son suficientes. En el mundo contemporáneo, el poder no se deriva únicamente del tamaño o de los recursos, sino de la capacidad de liderazgo regional, de articulación civilizacional y de proyección cultural sostenida.
Brasil como líder regional: una condición previa
Uno de los puntos centrales del artículo es la idea de que Brasil debe afirmarse primero como líder regional para poder ejercer influencia global. Esta afirmación es clave. Ninguna potencia contemporánea ha alcanzado un rol decisivo en el sistema internacional sin consolidar antes su entorno inmediato. Estados Unidos lo hizo en el continente americano; China lo hace en Asia Oriental; Rusia lo intenta en Eurasia. Brasil, por tanto, no puede aspirar a una voz decisiva en organismos globales —como una eventual reforma del Consejo de Seguridad de la ONU— sin una legitimidad sólida en América del Sur y en el conjunto de Hispanoamérica.
Aquí emerge una cuestión fundamental que los autores del artículo abordan con claridad: el idioma. Iberoamérica es mayoritariamente hispanohablante y Brasil, aun siendo la principal economía de la región, permanece parcialmente desconectado del resto del espacio iberoamericano por una barrera lingüística que es más política que cultural. El español y el portugués son lenguas estrechamente emparentadas y ampliamente intercomprensibles; sin embargo, esa ventaja objetiva no ha sido convertida en una política estratégica de Estado de largo plazo.
El español como herramienta de poder, no como concesión cultural
El planteamiento desarrollado por Villar, Nólio, Durántez Prados y Loureiro resulta especialmente pertinente al subrayar que la promoción del español en Brasil no debe entenderse como una cesión identitaria, sino como una herramienta de poder. Aprender la lengua del entorno no debilita a un Estado: lo fortalece. Permite liderar, influir y articular consensos. En este sentido, la resistencia histórica de ciertos sectores brasileños a la enseñanza obligatoria del español ha limitado la proyección regional del país.
Más aún, el artículo recuerda un episodio revelador: la injerencia diplomática de potencias europeas no ibéricas para frenar la institucionalización del español en el sistema educativo brasileño. Este hecho pone de manifiesto que la cuestión lingüística no es neutral. Las lenguas estructuran espacios de poder, alianzas y esferas de influencia. Que actores externos intenten obstaculizar la convergencia lingüística iberoamericana indica que dicha convergencia es percibida como una amenaza potencial a otros equilibrios geopolíticos.
Brasil y la iberofonía: una oportunidad civilizacional
Más allá del liderazgo regional, el artículo introduce una idea de gran alcance estratégico: Brasil como núcleo de convergencia del mundo iberófono. Este espacio —que incluye a países de América, Europa, África y Asia— reúne cerca de 900 millones de personas y constituye uno de los mayores bloques lingüísticos y culturales del planeta. A diferencia de otros espacios civilizacionales, la iberofonía presenta una ventaja singular: la alta intercomprensión entre sus dos grandes lenguas, el español y el portugués.
Brasil ocupa una posición única dentro de este conjunto. Es el mayor país de lengua ibérica del mundo, conecta directamente con África lusófona y, al mismo tiempo, se inserta en un entorno americano mayoritariamente hispanohablante. Esta condición lo convierte en un puente natural entre continentes y regiones, una función que podría traducirse en influencia diplomática, económica y cultural si fuera asumida como proyecto estratégico consciente.
Proyección global y BRICS: la necesidad de un espacio propio
El análisis del artículo cobra especial relevancia en el contexto de los BRICS. Brasil forma parte de un bloque que busca reequilibrar el orden internacional, pero su peso relativo dentro de ese grupo depende en gran medida de su capacidad para representar algo más que intereses nacionales aislados. China proyecta Asia; Rusia, Eurasia; India, el sur asiático. Brasil, en cambio, aún no capitaliza plenamente su potencial para proyectar a la iberofonía como espacio civilizacional coherente.
Desde esta perspectiva, la promoción del español en Brasil y del portugués en los países hispanohablantes no es un gesto cultural, sino una condición para construir un espacio de influencia propio. Sin una base regional y civilizacional sólida, Brasil corre el riesgo de quedar diluido en dinámicas globales dominadas por potencias con proyectos más definidos.
Consideraciones finales
El artículo de Gazeta do Povo, elaborado por los autores mencionados, ofrece una reflexión valiosa y bien orientada sobre los desafíos estratégicos de Brasil en el siglo XXI. Su principal aporte radica en vincular lengua, poder y geopolítica, recordando que la influencia internacional no se improvisa ni se decreta: se construye mediante decisiones políticas sostenidas.
Desde nuestro análisis, coincidimos en que Brasil tiene ante sí una oportunidad histórica. Asumirse como líder regional, promover activamente la intercomprensión lingüística y articular el espacio iberófono como ámbito de cooperación y poder compartido no solo reforzaría su posición en Hispanoamérica, sino que le permitiría negociar desde una posición de mayor fuerza en el escenario multipolar. La lengua, en este contexto, no es un detalle cultural: es una infraestructura estratégica del poder.


