Alejandro Montiel
(Venezuela) Profesor de la cátedra Pensamiento Político Venezolano y Latinoamericano en la Universidad Rafael María Baralt (Maracaibo, estado Zulia); activista de Vanguardia Venezuela; promotor y difusor del Materialismo Político; ha ocupado la gerencia de Gestión Comunicacional en la Comisión Nacional de Telecomunicaciones; jefe de prensa en la Oficina de Comunicaciones del Palacio de Miraflores; primer secretario en la embajada de Venezuela en la República del Paraguay y agregado de prensa en la embajada venezolana en la República de Panamá.
Llamar ¨muérgano¨ a una persona proviene de un modismo propio del habla de los marabinos. Su origen se remonta a la Venezuela Provincial cuando piratas ingleses, holandeses y franceses atacaban las poblaciones costeras del caribe español; especialmente célebre fueron las incursiones del pirata Henry Morgan, y su banda de criminales, los morganers: Los muérganos.
Se ha exagerado la supuesta tenacidad y éxito del pirata británico. La verdad histórica es que su incursión y saqueo de Maracaibo, y Gibraltar, (Sur del Lago) fue un rotundo fracaso dado que los pobladores de aquellos dominios aplicaron la táctica de tierra quemada y con la ayuda de los indígenas zulianos se internaron en los montes de esa vasta región, así lograron salvar vidas y bienes materiales. Eso ocurrió en el 1669, por aquel entonces la codicia del criminal inglés no pudo ser saciada.
Lo mismo ocurrió con su tan cacareado saqueo de Panamá. En el Istmo los españoles, otra vez juntos a los indígenas, atacaron al invasor pirata, y en una jugada maestra lograron evacuar el oro hasta Guayaquil. Acá los morganers, al no ver las riquezas prometidas por aquel farsante, armaron un botín y terminaron abandonando aquellas tropelías.
La historia de la piratería en el Caribe contra el Imperio Español es tan extensa que un siglo antes otro pirata inglés sufrió lo peor. Se trata de Francis Drake; cuya estrepitosa derrota fue relatada por el mismísimo Lope de Vega en su poema épico La Dragontea.
En esta obra los de Drake fueron representados como el dragón demoníaco: herejes protestantes derrotados por la Santidad Católica. Lope de Vega era un propagandista formidable, incluso en sus versos colocó al Relámpago del Catatumbo como aliado de la invencibilidad española, fue así como el rayo zuliano delató con su luz la posición de la flota inglesa previniendo la defensa de la Barra del Lago de Maracaibo y así obligar a Drake a intentar saquear Panamá. donde murió podrido a causa de las heridas que sufrió en la batalla de Portobelo.
La piratería es un continúo de saqueo y bandidaje, es una línea que llega hasta nuestros días, pero que viene desde aquel periodo virreinal, tiempos en los que existía unidad de mando, y subordinación al poder imperial, gracias a eso, los pueblos caribeños que sufrieron la piratería, también supieron enfrentarla y repeler a los invasores.
Esto lo tenía muy claro El Libertador Simón Bolívar, de ahí que su ideal de Patria Grande se concretó con la creación de Colombia, como un Estado territorial unificado, con poder suficiente para hacer contrapeso a las hegemonías emergentes, sobre todo a las que daban patentes de corso a filibusteros sin honra y carentes de honor.
En el Congreso de Panamá (1826) propuso el principio de Unidad Perpetua,a través de una Confederación de Repúblicas, así como la conformación de un ejército unificado y una fuerza naval conjunta. Bolívar sabía que los países herederos de la Corona Española, una vez independientes y disgregados, serían presa fácil de la rapiña pirata anglosajona; incluso profetizó de la amenaza que serían los Estados Unidos para plagar de miseria al continente, a nombre de la libertad.
Esto se cumplió con el bloqueo naval de 1902 por parte de las potencias europeas: Alemania, Inglaterra e Italia. Sus buques armados vinieron al Caribe a cobrar al gobierno venezolano las deudas contraídas con los ciudadanos de estos países, (prácticamente lo mismo que argumenta hoy día el muérgano Donald Trump para justificar su piratería petrolera).
Fue el momento de Cipriano Castro, con su arenga: «La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria». Se exaltó a tal nivel el fervor patrio que hasta el santo venezolano, el Doctor José Gregorio Hernández, bajó hasta La Guaira para sumarse como voluntario y enfrentar a los invasores.
La Venezuela republicana, y de paso federal, ahora estaba sola. La otrora unidad de facto que suponía la lealtad al rey español era eficiente, y efectiva, a la hora de enfrentar a la piratería anglo, holandesa y francesa. No en balde aquel imperio había llenado los puntos estratégicos de sus dominios con inexpugnables fortificaciones militares; en el caso del Caribe venezolano, piratas y corsarios fueron rechazados en Araya, Cumaná, Puerto Cabello, y San Carlos de la Barra de Maracaibo.
A principio de siglo XX ya no existía aquel Imperio Español, además la Gran Colombia había sido disgregada (incluso Panamá fue separada de Colombia). Es así como el intervencionismo estadounidense aprovechó el bloqueo naval contra Venezuela para relucir su Doctrina Monroe (América para los americanos), y luego de levantar el bloqueo, su presidente Teodoro Roosevelt agregó una enmienda a la Doctrina Monroe, la cual le permitía aplicar el garrote contra los países del Continente cuando así lo dispusieran los intereses norteamericanos.
Las diferencias entre europeos y estadounidenses estaba motivada por el desarrollo de nuevas tecnologías que dejarían de lado la primera etapa de la Revolución Industrial (motor de vapor alimentado por carbón), para dar paso a la masificación y fabricación en serie de vehículos y motores de combustión interna alimentados por diésel, gasolina, y demás derivados del petróleo.
Era el “excremento del Diablo”, como le llamó Juan Pablo Pérez Alfonso. Rápidamente Venezuela dejó de ser el primer exportador mundial de café, para convertirse en el primer productor y exportador de crudo, esto gracias a los ingentes yacimientos ubicados en el Lago de Maracaibo y al esfuerzo de los trabajadores venezolanos.
Hasta nuestros días Venezuela ha sufrido la voracidad del imperio estadounidense que ha sustentado su hegemonía en el control y consumo de hidrocarburos. La circulación del dólar depende mucho de la especulación basura, pero también en la comercialización de petróleo y combustibles.
En la actualidad esa realidad viene cambiando de forma acelerada. Los boicots a los recursos energéticos han fracasado: el de Europa a Rusia, y el de Estados Unidos a Venezuela. Esto porque nuevos actores hegemónicos compiten por dinamizar sus economías mediante los motores de combustión.
China e India compran petróleo y derivados en cantidad sorprendente. Venezuela supo aprovechar esta coyuntura y burló las inútiles sanciones del inefable Donald Trump, un personaje burdo, de una bajeza tal que demuestra al mundo como la otrora maquinaria bélica estadounidense solo ha quedado para cometer actos de piratería y pillaje.
Con su agresión a Venezuela, Estados Unidos queda en evidencia, muestra su declive y decadencia. La civilización del Pato Donald nunca será grande de nuevo.


