Pastoreo y placas solares: ¿futuro sostenible o estrategia de marketing?

La España rural en tensión

placas solares y ovejas

Nazaret Martín Calvo Nazaret Martín Calvo

(España) Es una ganadera del norte de Extremadura conocida por su labor de divulgación en redes sociales sobre los principales problemas que afectan a su sector. Comparte su día a día en el campo para visibilizar la realidad de la vida rural y desmitificar prejuicios sobre el mundo rural. Además de su labor ganadera, es graduada en Derecho y técnico superior en Administración y Finanzas, combinando sus estudios con su vocación por la vida rural.

La empresa Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y Caprino (INTEROVIC) ha presentado recientemente el nuevo Anexo del Centro de Pastoreo Solar (CPSO), un documento técnico que presenta un modelo de sinergia consistente en combinar las plantaciones solares con la ganadería extensiva: el ganado se alimenta de los pastos supervivientes en las explotaciones solares, conteniendo el crecimiento de la vegetación y abaratando los costes de una parte del mantenimiento de los terrenos sembrados de placas fotovoltaicas.

La declaración de la campaña de marketing del proyecto establece que, de esta forma, “la energía y el ganado pueden convivir de forma armoniosa, generando valor añadido para el medio rural y para la sociedad”. Dicho así, suena de maravilla. Sin embargo, la realidad es otra: las plantaciones solares desembocan en el deterioro de la vegetación existente en las parcelas o fincas donde se ubican (impidiendo, por ende, el crecimiento de vegetación autóctona y de cualquier tipo de arbolado, por razones evidentes, y perjudicando, por tanto, no solo al pastoreo tradicional, sino también a la fauna salvaje), en la posible contaminación del agua y la tierra por la posible gestión inadecuada de residuos y en la utilización necesaria de grandes extensiones de terreno para la producción de tal forma de energía; una energía renovable, pero con un altísimo coste medioambiental por lo que a su producción y desmantelamiento al final de su vida útil se refiere, debido a que para su producción se vale de fuentes no renovables y para su desmantelamiento se requiere de una actuación tremendamente delicada debido al alto contenido en materiales como el plomo, el cadmio y, en menor medida, el selenio que contienen. Asimismo, un mantenimiento ineficaz o deficiente de la instalación solar puede desembocar en efectos nocivos para la salud medioambiental del entorno en el que se ubica, debido fundamentalmente a los componentes que las constituyen y a los productos utilizados, por ejemplo, para la limpieza de la propia instalación.

No obstante, por un lado, es indiscutible lo tremendamente sencillo que resulta fabricar en nuestra mente la imagen de unas cuantas decenas de ovejas pastando plácida y alegremente en verdes praderas bajo la fresca sombra proporcionada por miles de placas solares, pues este es el objetivo que persiguen, precisamente, ciertas campañas de marketing que pretenden, en mi humilde opinión, blanquear el impacto real de las instalaciones fotovoltaicas en zonas tradicionalmente ganaderas o adehesadas, en las cuales es cada vez más frecuente otear plantaciones solares que aceleran la esterilización del suelo y la desertificación de los paisajes, con el aumento de las temperaturas y la alteración del microclima local que ello supone, por no hablar de la muerte de aves o insectos que circundan dichas instalaciones.

Por otro lado, evidentemente, la ganadería extensiva requiere de terrenos para el pastoreo: es una forma de ganadería en la que los animales pertenecientes a la explotación se alimentan fundamentalmente de pastos y vegetación autóctona, por lo que, consecuentemente, no se encuentra estabulado durante la mayor parte del año y precisa generalmente de grandes extensiones de terreno para llevarse a cabo, las cuales suelen ser, en su mayor parte, montes de utilidad pública, comunales – en menor medida – o fincas rústicas particulares.

Partiendo de esta base, es preciso poner de relieve que cualquier actividad económica, sobre todo si tiene cierto nivel de impacto ambiental, debe tener unos límites bien definidos; tanto la ganadería extensiva como las instalaciones fotovoltaicas. Es decir, el debate real no trata de apostar todo al sí o al no por lo que a las energías renovables se refiere, sino de encontrar una forma realmente sostenible de generar energía sin que ello implique la destrucción de los ecosistemas naturales y de las formas de pastoreo tradicionales. No se trata, por lo tanto, de conocer si es posible llevar acabo el pastoreo en una plantación solar, sino de valorar desde una óptica seria la reducción y bloqueo de la naturaleza que necesariamente requiere una explotación solar para subsistir, constituyendo, en este sentido, el debate sobre si es posible combinar pastoreo con plantaciones solares una mera pantalla para desviar el foco de lo realmente trascendente.

Resulta interesante traer a colación, además, que las instalaciones solares no generan empleo local a largo plazo, puesto que la creación de este tipo de empleo generalmente se produce en la fase inicial de construcción e instalación de la plantación solar, por lo que solo generan empleo local a corto plazo; no se traducen, por razones evidentes, en una distribución justa de la tierra entre las poblaciones rurales, ni en un mantenimiento del bosque autóctono, porque no existe tal en dichos emplazamientos. Desde mi punto de vista, sin embargo, el problema no son las placas solares per se, sino la masividad, es decir, las dimensiones con las que se llevan a cabo ciertas actividades económicas (porque eso es lo que son, un negocio, el cual normalmente se vende a la ciudadanía estrictamente como un salvamento del futuro de la humanidad; si las placas solares no constituyeran un negocio rentable, probablemente no existirían tal y como las conocemos hoy, por muy renovable que sea la energía que producen). En el mismo sentido, si hace algunas décadas, en España, un pastor vivía dignamente con ciento cincuenta cabezas de ganado caprino, actualmente, por demanda del sistema, necesita seiscientas cabezas para obtener, proporcionalmente, la misma renta, con el impacto medioambiental inevitable que ello implica.

Para finalizar, y partiendo de todo lo expuesto, si se analiza esta cuestión desde un punto de vida socioeconómico, es probable que el valor del pastoreo tradicional y, por lo tanto, de la ganadería extensiva constituya un elemento decisivo y preponderante en la cuestión que nos atañe, porque resulta una actividad, un oficio, que asienta población en los municipios de la “España vaciada” y mantiene la vida – en todos los sentidos – en las zonas rurales, con la consecuente conservación del patrimonio material e inmaterial y de la identidad nacional y regional que ello implica frente a un mundo cada vez más globalista, algo con lo que difícilmente un grupo empresarial energético multinacional podría competir.

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