MERCOSUR: el ocaso del campo europeo

Soberanía, libre comercio y la amenaza al sector primario comunitario


Nazaret Martín Calvo Nazaret Martín Calvo

(España) Es una ganadera del norte de Extremadura conocida por su labor de divulgación en redes sociales sobre los principales problemas que afectan a su sector. Comparte su día a día en el campo para visibilizar la realidad de la vida rural y desmitificar prejuicios sobre el mundo rural. Además de su labor ganadera, es graduada en Derecho y técnico superior en Administración y Finanzas, combinando sus estudios con su vocación por la vida rural.

El “aplazamiento” de la más que probable y quizás inevitable firma del “Acuerdo UE – Mercosur”, debido a las reticencias de Italia y Francia, unos días después de haberse producido numerosas e intensas movilizaciones y protestas de ciudadanos de países que integran la Unión Europea, tanto en sus respectivas naciones (fundamental y notablemente en Francia) como en la capital de facto de la U.E., Bruselas, ha dado un respiro espejístico al sector económico agrícola y ganadero de los países del área comunitaria; un respiro que, en el mejor de los casos, debería ser utilizado para ganar impulso en la lucha contra las políticas que desde su propio origen no han demostrado objetivo distinto que el de ir dirigidas a impedir la competencia real entre productos agrícolas y ganaderos en el comercio internacional, con una clara desventaja para los productores comunitarios, de entre ellos España, provocada por las normas de producción emitidas por la propia U.E., bajo la oportuna premisa de la seguridad alimentaria, el bienestar animal y el respeto al medioambiente.

Resulta insultante e inaceptable en todos los sentidos para los productores comunitarios, para los agricultores y ganaderos del campo europeo, el sinsentido que implica implementar – y prometer – un espacio de comercio supranacional comunitario presuntamente rentable, seguro y justo desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, del bienestar animal, del respeto al medioambiente y de la economía de los Estados miembros, a la vez que se permite la importación y venta de productos en el mercado comunitario originarios de países que no cumplen con las mismas normas de producción, ni con la misma legislación laboral, lo cual implica diferencias insuperables en el marco de los costes de producción, llevado a cabo, precisamente, a través de la firma de tratados o acuerdos de libre comercio entre la U.E. y países extracomunitarios. El Acuerdo U.E. – Mercosur sería un paso más en la liberalización del comercio interior de la Unión en perjuicio de ciertos países comunitarios, como lo es España en tanto que país productor agrícola y ganadero, pues la Unión Europea comenzaría a importar productos agrícolas y ganaderos provenientes de los países que integran el Mercosur, por lo que la competencia resultaría inalcanzable de mantenerse el marco normativo actual de la U.E. para con los países miembros productores.

En este sentido, cabe preguntarse qué sentido sigue teniendo la pertenencia de España a la Unión Europea como país productor agrícola y ganadero perjudicado por las políticas de liberalización y por las normas de producción de la entidad supranacional. Porque esa es la expresión correcta, pertenecer a la U.E.: haberse convertido en un país difuminado en la “comunidad europea”, carente de soberanía para decidir sobre sus propios intereses. Teniendo en cuenta que la Hispanidad es la gran obra de España en el mundo, que sentó las bases que hicieron posible que hoy en día los países hispanos puedan y deban considerarse países hermanos que comparten una misma lengua común, una base cultural y religiosa semejante y una Historia común, tiene más sentido que España forme parte de Mercosur y no de la U.E., si bien es cierto que ambas organizaciones no son comparables en cierto sentido debido a que Mercosur no constituye una entidad supranacional, es decir, que suprima la soberanía de las naciones que la integran arrebatándoles la voz y el voto en los asuntos que les conciernen y que constituyen cuestiones clave para su desarrollo socioeconómico.

Tras décadas de desmantelamiento y ataques de la U.E. a su propio sector primario, el acuerdo con Mercosur significará, posiblemente, el batacazo final al campo comunitario.

No obstante, existen, a parte de las económicas, otras posibles consecuencias sociales muy preocupantes para el campo español, las cuales ya son patentes: la vida rural está desapareciendo, como lo están haciendo las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas, muchas de ellas de carácter familiar, únicamente supervivientes por el cooperativismo. Las zonas rurales en España están ligadas a la tierra, al sector agrícola y ganadero, y es en ellas donde se encuentra una buena parte de la verdadera esencia de la identidad de las regiones que integran España y de la identidad del propio país debido a la existencia de tradiciones y costumbres que en las grandes urbes tienden a atenuarse por el cosmopolitanismo realmente existente. Si el campo español desaparece, lo harán paulatinamente las zonas rurales, para ser reconvertidas en espacios de reserva turística.

No existe una nación sin tradiciones, sin identidad. El hecho de pensar en un país o una nación únicamente como un ente económico o político que se relaciona en el mundo y desarrolla su existencia por motivos o intereses puramente económicos, sin tener en cuenta las consecuencias sociales y demográficas de ciertas decisiones político-económicas, implica reducir el concepto de nación al de corporación. Aunque, del mismo modo, no se entiende un país sin soberanía. Por todo ello, España debe replantearse su presente y su futuro, si lo que se pretende es tener uno.

Artículos