La escolástica católica desde el materialismo político (I)

¿De qué hablamos cuando hablamos de escolástica católica?


Román Hernández Suárez Román Hernández Suárez

(Colombia) Músico, arreglista y violinista en la Orquesta Sinfónica del Centro de Buenos Aires. Estudia Producción Musical en la Universidad Nacional de las Artes de Argentina y cursa el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo. Se desempeña como secretario político de Vanguardia Colombiana, donde ha publicado artículos sobre filosofía política e historia.

La Iberofonía inaugura hoy una colaboración editorial con el Instituto Beatriz Galindo, que cede a este medio un trabajo elaborado para uno de sus cursos propios: un recorrido por la escolástica católica, y en particular por su vertiente salmantina, y su relación con el materialismo político, la corriente filosófica desarrollada por Santiago Armesilla que entreteje el materialismo histórico de Karl Marx con el materialismo filosófico de Gustavo Bueno. El texto está firmado por Román Hernández Suárez que ademas de ser articulista de este medio es también editor de La materia prima.

A partir de hoy, La Iberofonía publicará el contenido como una serie de reportajes, cada uno dedicado a uno de los grandes temas del manual original. El recorrido incluirá:

  1. Qué es la escolástica católica y cuáles son sus principales corrientes internas: agustinismo, tomismo, escotismo, nominalismo y suarismo.
  2. La escolástica salmantina, su papel en la construcción del proyecto hispánico y su huella en el derecho internacional, la soberanía popular y el pensamiento político que hoy damos por sentado.
  3. Por qué gran parte de la tradición filosófica hispana e italiana quedó fuera del relato habitual sobre la historia de la filosofía, y qué se perdió con ello.
  4. Por qué esta tradición resulta clave para entender la Iberofonía como comunidad lingüística y de pensamiento.
  5. Un recorrido por las categorías escolásticas que, sin que lo sepamos, seguimos usando cada día para razonar: sustancia y accidente, acto y potencia, las cuatro causas, los distintos tipos de totalidad, y las artes del Trivium y el Quadrivium.
  6. La figura de Francisco Suárez, al que el propio manual llama “el Cervantes de la filosofía” por su papel en el paso hacia la modernidad filosófica.
  7. La relación, poco conocida, entre Karl Marx y la tradición escolástica, incluida la genealogía que el propio Marx trazó entre el pensamiento medieval y el materialismo moderno.
  8. Cómo el sistema filosófico de Gustavo Bueno se apoya en categorías y métodos que proceden directamente de la escolástica.
  9. Y, para cerrar, una lectura de la escolástica católica desde el propio materialismo político, como uno de sus tres pilares fundacionales junto a Marx y Bueno.

Con esta serie, La Iberofonía quiere acercar a sus lectores un debate filosófico que rara vez encuentra hueco en los medios en español, pero que ayuda a entender de dónde vienen muchas de las ideas, palabras y categorías con las que pensamos hoy en día.

Comenzamos con el primer tema de la serie.


1. ¿De qué hablamos cuando hablamos de escolástica católica?

La escolástica católica es una corriente filosófica y teológica que se desarrolló durante la llamada Edad Media. Se suele ubicar entre los siglos XI y XV, aunque sus raíces se remontan al siglo IX y persiste en formas tardías hasta el XVII, e incluso algunas de sus corrientes han continuado hasta la actualidad a través del neotomismo y otras formas contemporáneas de pensamiento escolástico. Su objetivo principal consistió en racionalizar las verdades de la fe cristiana mediante los instrumentos conceptuales de la filosofía, incorporando elementos procedentes de la tradición grecolatina —especialmente de Aristóteles y Platón—, así como del derecho romano. Se considera una de las etapas más sistemáticas del pensamiento medieval, caracterizada por el uso de la lógica y la dialéctica para resolver cuestiones teológicas y filosóficas.

En particular, su vertiente salmantina, la de la Escuela de Salamanca, surgida a partir del siglo XVI, puede entenderse como el tercero de los pilares fundamentales sobre los que se asienta el materialismo político —a lo largo de la serie desarrollaremos por qué—, la doctrina filosófica propuesta por Santiago Armesilla, que entreteje el materialismo histórico de Karl Marx con el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, sin negar otras fuentes.

La escolástica es una tradición tan rica que en su interior surgieron múltiples corrientes, entre las que destacan:

Agustinismo. Influido por San Agustín y el platonismo, enfatiza la interioridad del alma, la voluntad y la iluminación divina como fuente primaria de conocimiento, en contraste con enfoques más racionalistas.

Tomismo. Desarrollado por Santo Tomás de Aquino e influido principalmente por Aristóteles, busca una síntesis coherente entre fe y razón. Defiende que el conocimiento comienza por los sentidos, pero se eleva mediante la razón; que Dios es racional, y que el orden lógico del Universo y los principios matemáticos no son caprichos divinos, por lo que ni siquiera Dios podría contradecirlos, ya que estos no son arbitrarios, sino parte de la esencia divina racional. Esto significa que ni siquiera Dios podría hacer que una contradicción lógica fuera verdadera: no podría hacer que un triángulo, que por definición es un polígono de tres lados, sea un polígono de cinco lados, ni siquiera por voluntad divina. Como escribe el propio Tomás de Aquino: “Dios no puede hacer que lo que ha sido no haya sido” (Summa Theologiae I, q.25, a.4).

Escotismo. Se denomina así a la vertiente basada en la obra de Juan Duns Escoto, quien privilegia la voluntad divina, el voluntarismo, sobre la razón en ciertos aspectos, como la moral, donde el bien se define por la voluntad de Dios, no solo por la razón.

Nominalismo. Representado principalmente por Guillermo de Ockham, niega la existencia real de los universales, como “justicia” o “humanidad”, sosteniendo que estos son solo nombres que asignamos para clasificar las cosas.

Suarismo. Basada en la obra de Francisco Suárez, jesuita español del siglo XVI. Suárez desarrolló una escolástica refinadamente sistemática que intenta superar las contradicciones entre el tomismo y el escotismo, y que tuvo una gran influencia en el desarrollo del pensamiento, el derecho y la teología política modernas. Fue la figura más prominente de la Escuela de Salamanca, junto a Francisco de Vitoria y Juan de Mariana, en el contexto del Largo Siglo de Oro de hegemonía del Imperio Español, entre los siglos XV y XVIII. La sistematización a la que ha sometido la escolástica previa a él, y la originalidad con que la ha repensado, han traído como consecuencia que el pensamiento antiguo continúe en el seno de la filosofía moderna y haya entregado a ella muchos de los conceptos sobre los que se halla asentada.

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