Mónica Luar Nicoliello Ribeiro
(Uruguay) Profesora de Historia (1986-2024), egresada del Instituto de Profesores Artigas de Montevideo; investigadora y ensayista de temas históricos hispánicos. Magíster en Historia Iberoamericana (CSIC, Madrid, 2002) y doctora en Psicología (Honolulu, Hawái, 2012). Publicaciones: 300 artículos sobre temas históricos en páginas digitales y prensa impresa; un libro en coautoría bajo la dirección del Dr. José Pedro Barrán (El cónsul Thomas Samuel Hood y la independencia del Uruguay, Ediciones de la Universidad de la República, 1999) y un libro propio sobre tema original: La inteligencia emocional-histórica (Editorial Planeta, 2010).
No debe haber mayor monumento contra lo que Julián Juderías y Loyot llamó la “leyenda negra” de España, que el cúmulo de pensadores independientes del Siglo de Oro. Es imposible encuadrarlos, ya que no se consideraban parte de ninguna escuela. Con lo creativa que fue Salamanca, ellos quisieron ir más allá en materia de philosophia libera. No quisieron seguir a ningún autor: ni Aristóteles ni Avicena y Averroes, pero tampoco San Agustín y Santo Tomás. Según Marcelino Menéndez y Pelayo, hasta la Inquisición “olvidó” censurar, de tal manera que vio la luz incluso un debate contra la idea de la inmortalidad del alma, de Gómez Pereira.
Contra el sectarianismus (sectarismo), la cognitio directa
Una época de ideologías, como la nuestra, tiene mucho que admirar a aquellos que no quisieron ser encumbrados como autores ni dejar secta. Por el contrario, predicaron la humildad, la modestia, y la búsqueda de la verdad como virtudes del sabio. Para llegar a esta verdad en el campo de las ciencias de la naturaleza -otra cosa son las verdades trascendentes de la religión católica-, el sabio debe observar, experimentar, pasar todo por el tamiz de la razón, y confrontar con los resultados. El conocimiento directo, sin filtros. Así lo explicó el médico Gómez Pereira, nacido en el año 1500, en Medina del Campo, en un tratado de 1554 que dedicó a sus padres, Antonio y Margarita -y por tanto es conocido como Antoniana Margarita, pero su título real es Opus nempe Physicis, Medicis, et Theologis nom minus utile quam necessarium (“Obra para naturalistas, médicos y teólogos, tan útil como necesaria”):
“… Porque yo empecé a dudar de muchas opiniones que médicos y filósofos tenían por indubitables y seguras; probélas en la piedra de toque de la experiencia, y resultaron falsas; al paso que mis doctrinas, confirmadas primero por la razón y luego por el éxito, más y más se arraigaron en mi ánimo”.
Y más adelante:
“… ni deseo ser autor o fautor de ninguna secta; ni quiero que nadie jure en mis palabras o sistemáticamente me siga. Si encontráis algo de verdad en mis escritos, seguidlo y defendedlo, no por ser mío, sino por ser verdadero. No rompáis lanzas en mi defensa…” (Traducido, seleccionado y comentado por Marcelino Menendez y Pelayo, La ciencia española, II, Apéndice sobre Gomez Pereira, pp 287-288).
Estas ideas se parecen demasiado a lo que luego se llamó “método cartesiano”, solo que faltaban 42 años para que naciera René Descartes (1596-1650). De hecho entre los siglos XVII y XVIII Descartes fue denunciado en la propia Francia por Pierre Daniel Huet (1630-1721) quien comparó las primeras páginas del Discurso del método (1637) de Descartes, con la De multum nobili et prima universali scientia. Quod nihil scitur (“Del más noble y universal primer saber. Que nada se sabe”, 1576), de Antonio Sánchez “el escéptico”, nacido en Tuy, Galicia, España, en 1550, y fallecido en Toulouse, Francia, pero tan exitoso en España como en Francia.
Sebastián Fox Morcillo (1526?- 1599?) que nació en Sevilla, y vivió parte de su vida en España y parte en los Países Bajos, compartía estos criterios. Cuando Descartes todavía no había nacido, ideas “cartesianas” de origen español, ya circulaban por Francia y los Países Bajos:
“El método que siempre me propuse en mis estudios y escritos filosóficos fue no seguir por sistema a ningún maestro, sino abrazar y defender lo que me parecía más probable… No dudo que esta manera de filosofar desagradará a hombres divididos en varias sectas y pertinacísimos en defenderlas; pero juzgo que el amor de la verdad debe anteponerse a toda autoridad y respeto humanos…” (Citado por Menéndez y Pelayo)
No corresponde llamar “precartesianos” a quienes fueron los creadores del método que transformó la ciencia moderna, cuando son los autores. Corresponde conocerlos y darles el sitio que merecen. El procedimiento científico que proponen está claro:
- Observación, sin prejuicios.
- Experimentación/ experiencia
- Recolección de evidencias
- Prueba de resultados
- Análisis racional
- Síntesis racional: conclusiones
El método en Medicina: observación clínica, disección de cadáveres y más
De lo anterior se siguieron importantes avances para los médicos y “naturalistas”. La “revolución epistemológica” no nació en abstracto, sino en el campo de la práctica médica. Hasta ese momento los estudiantes y licenciados no confiaban en sus propios sentidos. Observaban lo mismo que Hipócrates, Galeno y Avicena. Sus explicaciones eran las mismas. Si un enfermo tenía fiebre era porque los “humores” se habían “corrompido”, estaban “putrefactos”, y había que extraerlos con sanguijuelas. Gómez Pereira reinterpretó la fiebre como un mecanismo del cuerpo para equilibrarse. Estudió diferentes tipos de fiebres y dolencias, y modificó los tratamientos que se recomendaban. Una mujer, Luisa de Oliva Sabuco (1562-1646), profundizó en la influencia de la mente en el cuerpo, la Psicosomática, aunque no con ese nombre: Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y salud humana, de 1587, título que por sus dos primeras palabras parece 200 años posterior.
El contacto de Castilla con los Reinos de Indias dio vía libre a este método basado en la observación. Entre tantas observaciones, se recogieron las de otros pueblos, que salieron a su vez, fortalecidos, con las herramientas de que ahora podían disponer. Quien fuera bautizado como Martín de la Cruz (1500-1564), botánico nativo de Indias, escribió un tratado sobre las hierbas medicinales: Libellus de medicinalibus indorum herbis (“Libro sobre las hierbas medicinales de los pueblos de Indias”, 1553). Estaba vinculado al Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Fue conocido por el farmacéutico de Felipe IV, Diego de Cortavila y Sanabria. El libro describe las enfermedades de cada parte del cuerpo, luego las dolencias generales y las específicas de cada edad, el último capítulo detalla cuáles son los síntomas cuando una persona está cercana a la muerte. Luego describe unas 227 plantas medicinales y sus usos. Investigadores mexicanos actuales han aislado los principios activos que contienen estas hierbas. Se lo puede considerar un representante de la Fitomedicina.
El médico más destacado del siglo XVI fue Francisco Valles de Covarrubias (1524-1592), creador de la Anatomía patológica, la disciplina que estudia tejidos y órganos -hoy también incluye células y microorganismos- para poder hacer diagnósticos y pronósticos. Como catedrático de la Universidad de Alcalá, de la cual era egresado, enseñó, desde 1556, a través de disecciones. Fue médico de Cámara de Felipe II, puesto que antes había ocupado Andrea Vesalio, y Protomédico General de los Reinos y Señoríos de Castilla. En 1588 terminó de organizarse el Protomedicato, institución encargada de fiscalizar todas las prácticas médicas, tanto en los Reinos de España como en los de Indias, desde boticarios a parteras.
Benito Daza de Valdes (1591-1634) se formó como bachiller en Artes y Filosofía, con conocimientos de Matemáticas y Óptica, y luego estudió Derecho, lo que le permitió ingresar como notario a la Inquisición. Interesado en los cristales, y al mismo tiempo en las dolencias oculares, publicó en 1623, un tratado sobre temas oftalmológicos y optométricos, Uso de los anteojos para todo género de vistas en que se enseña a conocer los grados que a cada uno le faltan de su vista, y los que tienen cualesquier anteojos y así mismo a que tiempo se han de usar, y como se pedirán en ausencia, con otros avisos importantes, a la utilidad y conservación de la vista. El Libro I trata la anatomía del ojo. En el Libro II, clasifica los lentes por sus tipos y por el efecto que produce la refracción de la luz en cóncavos y convexos. En el Libro III, trata de qué tipo de lente prescribir a cada paciente según su grado de “falta de vista”. Para este diagnóstico, pedía al paciente que mirara una hilera de puntos. Establecer un grado, prescribir, todo esto era nuevo, ya que los lentes solían comprarse en mercadillos por aproximación, o usarse sin necesidad.
Conclusión
Estudiosos e investigadores nacidos en España e Indias contaron con un método empírico-racional creado por ellos mismos antes de Hume y de Descartes. Ese cambio, que reemplazó la autoridad como fuente de verdad, por la observación y la experimentación, vino del campo de las disciplinas médicas, y a ellas volvió, impulsando el desarrollo que la Medicina española tuvo en el siglo XVI.


