La Iberofonía
Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Israel celebró este 27 de octubre de 2026 unas elecciones generales que han dejado al país en una situación de empate técnico y fractura social, según los sondeos a pie de urna difundidos por Kan 11, Channel 12 y Reshet 13. La jornada ha estado marcada por acusaciones cruzadas: el primer ministro Benjamin Netanyahu denunció un intento de «robar las elecciones» ante la movilización del voto árabe, mientras organizaciones de derechos civiles señalan campañas de intimidación y sabotajes de colonos israelíes para impedir que los árabes israelíes votaran.
Pero el dato que marca esta cita electoral no es el bloqueo parlamentario, sino el perfil del hombre que encabeza la principal alternativa a Netanyahu: el exgeneral Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar! y jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel entre 2015 y 2019.
Presentado ante la opinión pública internacional como un dirigente centrista y pragmático, alejado del fanatismo religioso de los socios ultraortodoxos de Netanyahu, Eisenkot es el autor de la llamada «Doctrina Dahiya», formulada durante su etapa al frente del Comando Norte israelí. Esta doctrina militar sostiene el uso de fuerza masiva y desproporcionada contra infraestructuras civiles en zonas urbanas densamente pobladas ante la sospecha de presencia de milicias, tratando barrios y pueblos árabes como objetivos militares legítimos. Este modelo se ha aplicado de forma sistemática en la Franja de Gaza y el sur del Líbano.
En lo que respecta a la cuestión palestina, el programa de Eisenkot comparte los pilares centrales del Likud de Netanyahu. El exgeneral rechaza las acusaciones de genocidio formuladas por la comunidad internacional y tribunales multilaterales, defendiendo las operaciones en Gaza y Cisjordania como «legítima defensa». Ha calificado públicamente la solución de los dos Estados como un «error histórico», proponiendo en su lugar un modelo de autogobierno civil limitado que él mismo describe como «menos que un Estado».
Su plan contempla que los palestinos carezcan de fronteras propias, espacio aéreo, ejército o control de sus recursos naturales, permaneciendo de forma indefinida bajo el aparato de seguridad israelí. Eisenkot respalda además la expansión legal de los principales bloques de asentamientos en Cisjordania, a los que atribuye un «valor estratégico indispensable».
La jornada electoral, presentada en buena parte de la cobertura internacional como una disputa entre el oficialismo de extrema derecha y una oposición moderada, revela así un consenso de fondo entre ambos bloques: ni la continuidad de Netanyahu ni la alternativa de Eisenkot contemplan la soberanía palestina ni el fin del control militar sobre Gaza y Cisjordania. La diferencia entre ambas opciones, para el pueblo palestino, parece reducirse a matices de gestión dentro de un mismo marco de ocupación.


