Los perritos falderos del Imperio

El silencio atronador de la “derechita valiente” ante el ataque Trumpista a Ceuta y Melilla


Jaime Goig Jaime Goig

(España) Presidente del Ateneo Iberófono Juan Latino, político, comunicador y escritor con amplia experiencia en medios (Onda Cero, El País…). Ha sido director de comunicación en varias empresas españolas y ha desarrollado proyectos en sectores donde compiten marcas como Apple o Google. Su trayectoria combina información, narrativa y producción audiovisual. Actualmente estudia diversas disciplinas en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es editor en La Iberofonía.

Confieso que casi nada me escandaliza en esta España de fantoches y vendepatrias. Pero lo que acabamos de leer en el informe del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos supera los límites de la desvergüenza y se adentra en el terreno de la afrenta que pide sangre, o al menos dignidad.

El que un puñado de congresistas yanquis, esos que pasean sus culos por el mundo convencidos de que tienen el derecho a barnizarlo con sus estrellas y sus barras, haya tenido la insultante ocurrencia de describir Ceuta y Melilla como ciudades “administradas por España” en “territorio marroquí”, merecería la inmediata aplicación de la eutanasia procesal sobre el “sujeto operatorio” , de nombre Mario Díaz-Balart, el que ha declarado, con el desparpajo propio del alfabeto terminal, la marroquinidad de ambas ciudades. Pero se nos escapa la pretensión de alcanzar ese objetivo (el de la eutanasia procesal, digo).

Que el imperio decadente de Washington, ese leviatán de pacotilla que aún no ha asumido su próxima irrelevancia, nos escupa en la cara no debería sorprendernos. Llevan décadas tratándonos como una colonia de verano, como un apéndice folclórico de sus intrigas geopolíticas. Pero lo que sí debería escandalizar —y aquí entramos en el meollo de esta columna biliar— es el silencio atronador de la “derechita valiente española”: Vox. Ese partido que se erige en azote de la traición y que cada domingo llena sus mítines con banderas y gritos de ” Viva España”. Ese partido que, según sus votantes, no se arrodilla ante nadie pero que calza rodilleras de oro ante el amo USAco. Un partido que no ha dicho ni una sola palabra sobre esta provocación. Ni un comunicado, ni una pregunta , ni un solo tuit inflamado contra “su amigo Trump” o contra su “más amigo”, Narco Rubio (disculpen la errata iturraldista).

¿Dónde está la furia? ¿Dónde los gritos contra el “globalismo”? ¿Dónde la defensa de la integridad territorial tantas veces coreada?

Silencio y cobardía vergonzosa. Porque Trump, el ídolo de las derechas cavernarias, asoma las patitas tras el informe (aunque no se le nombre). Y entonces, mejor callarse, mirar hacia otro lado y tragar semen, no vaya a ser que el amo se nos enfade, aunque el amo nos esté vendiendo a los “judios y a los moros” (entiéndase el retruécano).

Porque, no se engañen ustedes, la mano que empuña el daga no es solo la de Díaz-Balart, sino la de Israel y sus aliados. Es el mismo entramado geopolítico que reconoció la soberanía marroquí del Sáhara Occidental en 2020 —otra gran traición—, el mismo que ha convertido a Rabat en un socio privilegiado de la inteligencia y el comercio regional. Detrás de ese informe, como telón de fondo, está la triple entente de mercaderes: Estados Unidos, Israel y Marruecos. Y España está en medio, reducida a un felpudo sobre el que se limpian los zapatos aquellos a los que algunos llaman aliados.

Y es así como la derecha felatoria no solo traga el sapo de la afrenta: lo mastica con deleite, lo paladea mientras oculta la realidad de la última humillación consentida. Llevan años con los labios tan ocupados en las entretelas de Washington y Tel Aviv que ya ni distinguen el sabor de su propia bilis. Son profesionales del arrodillamiento rentable: hoy lamen la bota; y mañana venden lamerla como gesta patriótica ante un plató de tertulianos igual de prosternados.

¿Y qué me dicen ustedes de las izquierdas autopercibidas? Esas izquierdas invertebradas que se llenan la boca con los pueblos oprimidos, pero que ante el Sáhara Occidental te susurran excusas burocráticas porque al jefe no le conviene un mal gesto. Esas que te montan un Aquarius de postureo moral y luego esconde bajo la alfombra a los saharauis como quien oculta un cadáver electoral incómodo.

Ambos, “derechas e izquierdas”, entiéndanse las comillas, comparten la misma columna vertebral de gelatina cuando el precio de sus principios choca con el presupuesto de la campaña: dos farsantes que se tocan en el subsuelo de la claudicación, disputándose el ver quién se arrastra con más estilo mientras el público, el de verdad, vomita ante tanta indignación de usar y tirar.

Seamos claros: Ceuta y Melilla son España. No son territorios “administrados”, no son colonias, no son piezas de negociación. Son suelo patrio, con sangre y sudor de siglos. Y quien cuestione eso, sea un congresista yanqui, un mercader sionista o un reyezuelo alauí, merece una respuesta firme, un portazo diplomático y un puñetazo en la mesa. Pero eso exige tener carácter, y el carácter, en España, se ha convertido en un artículo de lujo.

Así que ya lo saben: los mismos que un día gritaban “Viva España “, hoy callan como puta ante proxeneta. Porque el proxeneta, esta vez, se llama Trump. ¡Culos arriba!

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