Cambio de paradigma en el sector ganadero de Burkina Faso

Un país del Sahel apuesta por su campo y su futuro mientras Europa abandona el suyo bajo políticas que destruyen su capacidad productiva


Nazaret Martín Calvo Nazaret Martín Calvo

(España) Es una ganadera del norte de Extremadura conocida por su labor de divulgación en redes sociales sobre los principales problemas que afectan a su sector. Comparte su día a día en el campo para visibilizar la realidad de la vida rural y desmitificar prejuicios sobre el mundo rural. Además de su labor ganadera, es graduada en Derecho y técnico superior en Administración y Finanzas, combinando sus estudios con su vocación por la vida rural.

Burkina Faso, país del Sahel de 24 millones de habitantes, con una población muy joven y fundamentalmente rural, ha dado un paso más hacia su revolución agro-ganadera y, con ello, al afianzamiento de su soberanía alimentaria.

Recientemente, se ha hecho pública la importación por parte del país burkinés de 710 vacas preñadas de raza Girolando. Los animales han sido adquiridos a Brasil, que constituye una de las mayores potencias ganaderas del mundo actualmente, con más de 200 millones de cabezas de ganado bovino. Y como las cosas en la vida siempre se entienden mejor cuando son comparadas, para hacernos una idea de la potencia brasileña en el sector ganadero a nivel global, es preciso tener en cuenta que, por ejemplo, el sector bovino en España tiene 7 millones de cabezas de ganado, y el conjunto de la Unión Europea cuenta con una cabaña ganadera bovina de unos 75 millones, frente a los más de 200 millones del país americano. También es cierto que España tiene unos 14 millones de cabezas de ganado ovino, frente a los 17 millones aproximados de Brasil. Un sector, el ovino, donde el país mediterráneo, cuna de la oveja Merina, aún es relativamente potente en términos comparados.

Las vacas Girolando constituyen una raza de vacas lecheras que fueron creadas en Brasil en la década de 1940 como resultado de los cruces de las razas Holstein y Gyr. Al realizar este cruce estratégico, lograron obtener una raza lechera adaptada al clima brasileño. Los ejemplares girolandos se caracterizan principalmente por su gran capacidad de producción lechera, llegando a generar, cada ejemplar, en torno a 15 – 17 litros diarios de media, pudiendo llegar a producir más de 20 litros de leche diarios, dependiendo del tipo de manejo y del tipo de explotación.

La decisión del gobierno burkinés de adquirir 710 vacas preñadas de esta raza no es baladí, ya que, teniendo en cuenta que el país importa leche de otros países, la adquisición de estos ejemplares y su posible cruce con el ganado autóctono burkinés significaría una mejora de sus razas lecheras, un aumento muy significativo de la producción y una reducción de las importaciones, abaratando costes para los consumidores y aumentando las ganancias de los productores nacionales burkineses. Es, en definitiva, una apuesta por su futuro y por el fortalecimiento de su sector primario; una decisión estratégica conducente a consolidar su autonomía alimentaria.

Es interesante recordar que, antes de la aplicación en la década de 1990 de la Reforma MacSharry de la Unión Europea, mediante la cual se impusieron límites a la producción lechera española, incluyendo incluso sanciones por producir, a través de las llamadas y famosas “cuotas lecheras”, que también se aplicaron al sector azucarero, para frenar un supuesto “excedente de producción”, España era una potencia lechera consolidada en el ámbito europeo, siendo Galicia la región española con mayor concentración de explotaciones bovinas en este sentido, alcanzando cifras récord en los años 80. Sin embargo, debido a las políticas y legislación comunitarias, y a la permisividad, o mejor dicho complicidad, de los políticos españoles, las explotaciones lecheras disminuyeron progresivamente cada año, así como el número de cabezas de ganado bovino, evidentemente, repercutiendo en el desarrollo socioeconómico y también demográfico de las regiones predominantemente rurales del norte de España, como lo son, por ejemplo, Galicia y Asturias.

Y resulta interesante recordar este hecho porque es del todo incomprensible, aunque admirable, cómo un país en vías de desarrollo como es Burkina Faso es consciente de la importancia de consolidar a nivel nacional un sector primario autónomo y soberano, y cómo afectan tales políticas agro-ganaderas directamente en el desarrollo socioeconómico de un país, mientras España, en el ámbito comunitario, ha permitido justo lo contrario, es decir, que se frene su desarrollo socioeconómico, que se abandone su industria lechera y que se vacíen sus pueblos, desembocando en la debacle demográfico de la España Vaciada.

La importación de vacas lecheras no es la única medida que el gobierno burkinés ha tomado para mejorar su sector primario, sino que también importó recientemente maquinaria agrícola, está desarrollando planes para frenar la desertificación en ciertas zonas del país, ha nacionalizado varias minas de oro y, en general, está llevando a cabo medidas para proteger su economía nacional y, como consecuencia, su soberanía y su futuro, por contraposición a los países comunitarios que, desgastados y empobrecidos, se han convertido por decisión propia en entes carentes de identidad sometidos a la voluntad de potencias foráneas depredadoras. Pero, siguiendo la famosa cita de Will Durant, una gran civilización (o nación, en estos casos) no es conquistada desde fuera hasta que se destruye a sí misma desde dentro.

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