Belén Casas
(España) Vicepresidenta del Ateneo Iberófono Juan Latino. Licenciada en Diseño Digital y máster en Creatividad Publicitaria. Diplomada en Estrategia, Geopolítica y Seguridad Internacional en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Ha cursado estudios de Comunicación Audiovisual, así como formación en escritura creativa. Su trayectoria combina creación visual y comunicación estratégica. Mantiene una sólida conciencia iberófona, reforzada por sus vínculos familiares con México. Actualmente se encarga de la gestión de redes sociales del periódico La Iberofonía.
El reciente posicionamiento de Somalia, reiterado el pasado 7 de diciembre, ha vuelto a subrayar el compromiso de Mogadiscio (capital de Somalia) con la legalidad internacional y su rechazo a cualquier reconocimiento de la ocupación marroquí del territorio de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Esta postura se inscribe en un contexto regional cada vez más marcado por denuncias de presiones diplomáticas y maniobras de desestabilización atribuidas a la política israelí en África.
La cuestión adquirió una nueva dimensión tras el reconocimiento por parte de Israel de Somalilandia, una región separatista de Somalia cuya independencia no cuenta con el aval de la comunidad internacional. Para diversos analistas africanos y saharauis, este movimiento no responde a un interés por la estabilidad regional, sino a una estrategia de presión política sobre Estados que mantienen posiciones soberanas contrarias a determinados intereses geopolíticos.
Conflictos territoriales como instrumento de presión
El periodista y analista saharaui Bachir Mohamed Lehsan sostiene que Israel estaría instrumentalizando conflictos territoriales no resueltos en África como mecanismos de chantaje diplomático. En el caso del Sáhara Occidental, esta estrategia habría buscado forzar a Marruecos a normalizar relaciones con Tel Aviv mediante los llamados Acuerdos de Abraham, convirtiendo un proceso de descolonización reconocido por la ONU en moneda de cambio política.
Esta misma lógica, según el analista, se habría trasladado posteriormente a Somalia. El reconocimiento de Somalilandia habría funcionado como amenaza implícita para presionar al gobierno somalí a aceptar planes vinculados a la reubicación forzosa de población palestina procedente de Gaza, en un contexto de guerra y crisis humanitaria.
Caos estratégico y fragmentación regional
Numerosos expertos africanos describen estas prácticas como parte de una política de “caos controlado”: la explotación de fracturas internas, disputas territoriales y debilidades institucionales para obtener ventajas estratégicas. África, marcada por fronteras heredadas del colonialismo y conflictos latentes, se convierte así en un espacio especialmente vulnerable a este tipo de maniobras.
El reconocimiento selectivo de entidades separatistas, lejos de promover la estabilidad, incrementa la fragmentación y la inseguridad regional. Frente a ello, la negativa de Somalia a ceder ante estas presiones ha sido interpretada como una defensa firme de la soberanía nacional y del derecho internacional.
Silencios y doble rasero
Resulta significativo que, mientras parte de la comunidad internacional criticó el reconocimiento israelí de Somalilandia, varios países árabes que han normalizado relaciones con Tel Aviv guardaron silencio ante una amenaza directa a la integridad territorial somalí. Este doble rasero refuerza la percepción de que la política israelí en África no se basa en una cooperación equitativa, sino en la coerción y el aprovechamiento de conflictos estructurales.
En este escenario, Somalia y la República Saharaui emergen como símbolos de resistencia frente a una diplomacia que prioriza la presión geopolítica sobre la estabilidad y la autodeterminación de los pueblos africanos.
Fuentes: BBC News, ECSAHARAUI, el salto.


