Yenny Betancur
(Colombia) Yenny Betancur Gutiérrez, bacterióloga y laboratorista clínica de la Universidad de Antioquia, con especialización en Administración de Servicios de Salud de la Fundación Universitaria María Cano de Medellín. Se ha desempeñado en el área de procesos y administrativa del laboratorio clínico desde el año 2003. Integrante de la Vanguardia Colombiana de las VIS, actualmente es columnista. Combina su experiencia de vida con sus estudios y la lectura de las ciencias para llevar a cabo el análisis crítico de la realidad mundial.
En un episodio que ha marcado la campaña electoral colombiana, la senadora y precandidata presidencial María Fernanda Cabal negó categóricamente la responsabilidad del Estado en el exterminio de la Unión Patriótica, descalificando al periodista Daniel Pacheco con la frase: “Es muy difícil conversar con personas con cemento en el cerebro”. Esta postura, calificada por sus críticos como negacionismo histórico, ha reabierto un debate profundo sobre la relación entre discurso político, memoria histórica y poder.
El Materialismo Político (MATPOL), ofrece herramientas para analizar esta controversia más allá de la anécdota. Frente al formalismo político -que se concentra en las estructuras jurídicas e instituciones-, el materialismo político examina las condiciones materiales, las relaciones de poder concretas y los cuerpos reales que constituyen una sociedad política.
Desde esta perspectiva la negación de Cabal puede interpretarse como un intento de sustituir los hechos materiales documentados (los miles de asesinatos, desapariciones y torturas) por una construcción discursiva que responde a intereses políticos actuales.
La evidencia histórica y jurídica sobre el exterminio de la Unión Patriótica constituye un cuerpo material difícilmente refutable:
· 4.153 personas fueron asesinadas, desaparecidas o secuestradas según el Centro Nacional de Memoria Histórica
· 5.733 militantes asesinados, contabiliza la Jurisdicción Especial para la Paz entre 1984 y 2016
· Más de 6.000 víctimas reconoce la Corte Interamericana de Derechos Humanos
· Existieron planes sistemáticos de exterminio como el “Baile Rojo”, “Plan Cóndor”, “Golpe de Gracia”, “Plan Esmeralda” y “Plan Retorno”.
Estas cifras no son abstracciones: representan cuerpos destruidos, proyectos de vida truncados y una estructura política desmantelada mediante el terror.
La respuesta de Cabal -“No me diga jamás que el Estado aniquiló la Unión Patriótica”- evidencia el alcance que ha tomado el liberalismo con sus ideas metafísicas de individualismo, llevando a dar más peso a las opiniones que a los hechos y usando la democracia burguesa como herramienta de radicalización y polarización.
El negacionismo no es simplemente un error factual, sino una producción ideológica con efectos materiales concretos. Como señala el sistema filosófico de Gustavo Bueno, la idea de producción no se reduce a la fabricación económica (M1), sino que incluye dimensiones psicológicas (M2) y lógico-abstractas (M3) donde se genera el sentido político. En este sentido el negacionismo produce una realidad alternativa que desmaterializa la historia: convierte cuerpos torturados en “cuestiones debatibles”, reconfigura relaciones de poder, exculpando a perpetradores y revictimizando a sobrevivientes y prepara para condiciones futuras, pues si vuelve a ocurrir un genocidio político, se pretende minimizar o desestimar la realidad.
El fenómeno observado con Cabal no es aislado. Es una tendencia global que niega dictaduras, ataques a medios de comunicación y genocidios, en los que opera la misma lógica: La metafísica del liberalismo que crea relatos, genera opiniones y emociones y fomenta el individualismo, que quieren imponerse sobre la evidencia material.
Desde el análisis materialista, las sociedades existen antes que los discursos sobre ellas. Los miles de cuerpos destruidos de la UP preceden cualquier debate sobre su exterminio. Negar esta materialidad es practicar una forma violenta de idealismo político.
El episodio Cabal trasciende así la anécdota periodística: nos confronta con la pregunta por las bases materiales de la democracia burguesa imperante y los límites del debate político, cuando lo que está en juego es el reconocimiento mismo de la realidad material.


