Perú somete sus elecciones a auditoría mientras la segunda vuelta sigue sin cerrarse

El JNE intenta contener la desconfianza tras actas observadas, retrasos y denuncias cruzadas


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Perú atraviesa una de las fases electorales más delicadas de los últimos años. El Jurado Nacional de Elecciones anunció una auditoría informática integral y exhaustiva de la primera vuelta de las Elecciones Generales 2026, celebradas el 12 de abril, para reforzar la transparencia, la integridad y la confiabilidad de los resultados. La medida llega en medio de retrasos, actas observadas, acusaciones de fraude y una disputa extremadamente estrecha por el segundo puesto en la carrera presidencial.

Según Reuters, con el 97,5% de votos contabilizados, Keiko Fujimori se mantenía como primera candidata, mientras Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga competían por el pase a la segunda vuelta con una diferencia aproximada de 28.000 votos. El mismo reporte señaló quemás de un millón de votos permanecían en revisión, una cifra suficiente para alterar la definición del balotaje.

La auditoría no aparece en un vacío. Perú celebró unas elecciones generales especialmente complejas, con fuerte fragmentación política, desconfianza hacia los organismos electorales y un volumen elevado de actas observadas. El JNE aseguró que la auditoría no paralizará la revisión de actas, pero su convocatoria reconoce que el proceso necesita un refuerzo técnico y político para sostener la legitimidad de los resultados.

El caso de Piero Corvetto, exjefe de la autoridad electoral, aumentó la tensión. Su renuncia el 21 de abril, en medio de presiones por los retrasos en el conteo y de reclamos de mayor claridad. Corvetto defendió que existían demoras logísticas, pero negó fraude. Observadores de la Unión Europea tampoco hallaron señales de fraudes, aunque eso no ha bastado para desactivar el clima de sospecha.

La revisión de votos observados es decisiva porque Perú no solo elige presidente. El proceso abre un nuevo ciclo institucional con Congreso bicameral, Parlamento Andino y una correlación de fuerzas que condicionará al próximo Ejecutivo. En un país marcado por destituciones, crisis presidenciales, choques entre poderes, protestas y deterioro de la confianza pública, el margen de legitimidad del ganador importa tanto como el resultado numérico.

La incertidumbre electoral también afecta a sectores estratégicos. Reuters informó en abril de que inversores mineros seguían con preocupación el retraso del conteo, en un país clave para la producción de cobre y oro. Aunque los analistas citados no preveían un impacto directo inmediato sobre el sector, la demora electoral introduce ruido político en una economía donde la minería tiene un peso estructural.

La noticia de fondo es que Perú vuelve a medir la resistencia de su sistema institucional. Si la auditoría aclara dudas y el resultado final es aceptado, el país podrá encaminarse hacia una segunda vuelta tensa pero operativa. Si la auditoría alimenta nuevas acusaciones o si el candidato excluido del balotaje desconoce el proceso, la crisis puede pasar del terreno técnico al terreno político y social.

Para los lectores de la Iberofonía, Perú no debe verse solo como una elección nacional más. Es un país clave del Pacífico sudamericano, productor minero estratégico, punto de enlace con Asia y escenario recurrente de crisis entre Ejecutivo, Congreso, justicia electoral y calle.

Fuentes: Jurado Nacional de Elecciones, Reuters.

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