Cuba acusa a Washington de asfixiar su suministro petrolero por vías extraterritoriales

La Habana denuncia amenazas contra proveedores mientras China exige el fin de las sanciones


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

Cuba ha colocado la crisis energética en el centro de su pulso con Estados Unidos. El canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció que los proveedores que antes suministraban petróleo a la isla estarían sufriendo amenazas e intimidaciones desde Washington, en violación de las normas de libre comercio y libertad de navegación. Según la información difundida por TASS, Rodríguez afirmó que en cuatro meses solo llegó a Cuba un cargamento de combustible, un dato que explica la gravedad del momento para una economía dependiente de suministros externos y sometida a restricciones financieras, comerciales y logísticas.

El señalamiento responde también a las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien negó la existencia de un bloqueo petrolero contra Cuba. La respuesta cubana fue frontal: para La Habana, la presión no consiste solo en impedir una operación concreta, sino en elevar el coste de cualquier actor que facilite combustible, transporte, seguros, intermediación o financiación a la isla. teleSUR recogió la acusación de Rodríguez contra Rubio y citó el dato de un único buque de combustible recibido en cuatro meses, dentro de una estrategia que Cuba denuncia como cerco energético.

El contexto inmediato agrava el alcance de la denuncia. A comienzos de mayo, Donald Trump firmó una nueva orden ejecutiva con medidas coercitivas contra sectores estratégicos cubanos, incluidos energía, defensa, seguridad y finanzas, según informó teleSUR. Cuba interpreta estas medidas como una ampliación del bloqueo y como una herramienta para provocar desabastecimiento, cortes eléctricos, tensión social y deterioro institucional.

La dimensión geopolítica aparece con claridad en la reacción de China. CGTN informó de que Pekín instó a Estados Unidos a detener de inmediato el bloqueo, las sanciones, la coerción y cualquier forma de presión contra Cuba. Esa posición sitúa el caso cubano dentro de una disputa mayor: no se trata únicamente de una relación bilateral rota desde hace décadas, sino de una pugna por la capacidad de Washington para condicionar a terceros Estados, empresas y operadores internacionales.

Para la Iberofonía, Cuba vuelve a aparecer como un punto de fricción estructural en el Caribe hispanohablante. La presión energética tiene efectos directos sobre la vida cotidiana, la producción, el transporte, los hospitales, la generación eléctrica y la estabilidad social. Pero también plantea una cuestión de soberanía regional: si la extraterritorialidad sancionadora se convierte en norma, cualquier país que mantenga relaciones económicas con gobiernos sancionados por Washington puede quedar sometido a represalias comerciales o financieras.

La clave no está solo en si llega o no un barco de combustible. Está en quién decide qué rutas energéticas son legítimas, qué Estados pueden comerciar, qué empresas pueden asegurar transportes y qué países quedan sometidos a castigos secundarios. En ese terreno, Cuba vuelve a ser laboratorio de una presión que combina sanciones, diplomacia, amenaza comercial y aislamiento financiero.

Fuentes: TASS, teleSUR, CGTN.

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