Adrián Sánchez Sallán
(España) Editor en La Iberofonía, especialista en defensa y geopolítica. Combina su profesión como técnico en procesos industriales con sus estudios en el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo – La Latina. Es portavoz del Ateneo Iberófono Juan Latino.
Madrid, 23 de septiembre de 2025 – España vive un momento clave en materia de defensa. El país ha alcanzado el objetivo del 2 % del PIB en gasto militar, alineándose con las directrices de la OTAN, y ha iniciado un proceso de revisión de programas de armamento que está impactando tanto en la industria nacional como en sus alianzas internacionales.
Durante los últimos meses, el Ministerio de Defensa ha anulado varios contratos vinculados a tecnología israelí, entre ellos el programa de lanzacohetes Silam y el misil Spike LR2. También se ha cancelado la adquisición de designadores láser para los cazas Eurofighter.
Estas decisiones se enmarcan en el plan de “desconexión tecnológica”, que busca reducir la dependencia de proveedores extranjeros y fomentar el desarrollo de soluciones propias con participación de la industria española.
La ministra de Defensa ha asegurado que la industria de defensa española está preparada para cubrir las capacidades que dejan estos contratos. Empresas como Indra, Escribano Mechanical & Engineering y Navantia están participando en programas estratégicos como las fragatas F-110 o el futuro vehículo de combate VCR 8×8 Dragón.
En paralelo, el acuerdo entre Rheinmetall e Indra anunciado en FEINDEF 2025 busca fortalecer la cooperación en el diseño de vehículos blindados y sistemas de mando y control. Esto se suma a las oportunidades que traerán los fondos europeos SAFE, de los que España podría recibir cerca de 1.000 millones de euros para modernizar sus capacidades
Aunque el país ha cumplido con el 2 % del PIB en gasto en defensa, expertos subrayan que el reto es destinar más recursos a capacidades operativas reales. Según análisis del IEEE, solo una parte del presupuesto se traduce en mejoras directas en preparación militar, lo que obliga a optimizar la asignación de recursos.
El Ejecutivo ha anunciado una inversión extra de más de 10.000 millones de euros destinada a modernización tecnológica, ciberseguridad y nuevas capacidades duales que puedan emplearse también en emergencia
Con estos movimientos, España busca consolidar su autonomía estratégica, reforzar su papel en la OTAN y garantizar que las Fuerzas Armadas cuenten con el equipamiento necesario para los próximos desafíos.
La industria nacional emerge como un actor clave en esta transformación, con el objetivo de que más del 30 % del gasto en defensa se destine a I+D y modernización para 2030.


