Irán ofrece reabrir el estrecho de Ormuz en dos días si hay pacto con EE.UU.

El canciller iraní condiciona la apertura a que Washington reconozca la ruta pactada con Omán y cierre otras vías marítimas


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó que su país ha aceptado en negociaciones reducir a dos días el plazo para reabrir el estrecho de Ormuz, según declaró a la cadena Al Jazeera y recogió la agencia rusa TASS.

«Hemos llegado a una propuesta en esta etapa que reduce el período de implementación a dos días», afirmó Araghchi. El canciller precisó que Irán exige el reconocimiento de la ruta de navegación por el estrecho que había discutido previamente con Omán, así como el cierre de otras vías alternativas. «Reabrir el estrecho de Ormuz conforme a nuestras condiciones allana el camino para la reanudación de las negociaciones con Washington sobre los asuntos pendientes», añadió.

El estrecho de Ormuz es uno de los puntos marítimos más sensibles del planeta: por esta franja de apenas 33 kilómetros de ancho entre Irán y la península arábiga transita cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier amenaza de cierre, real o potencial, tensiona los mercados energéticos globales, ya que no existe una ruta alternativa capaz de absorber ese volumen de crudo y gas natural licuado con la misma eficiencia.

Las declaraciones de Araghchi se producen en un contexto de negociaciones indirectas entre Teherán y Washington, marcadas por el pulso en torno al programa nuclear iraní y las sanciones estadounidenses. El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado recientemente que el conflicto con Irán «se resolverá pronto», en paralelo a sus declaraciones sobre la guerra en Ucrania.

La mención a Omán no es casual: el sultanato ha ejercido históricamente de intermediario discreto entre Teherán y Washington en momentos de máxima tensión, incluidas las negociaciones previas al acuerdo nuclear de 2015. Que Irán invoque ahora un entendimiento previo con Mascate sobre el trazado de la ruta marítima sugiere que la diplomacia omaní vuelve a estar en el centro de los contactos indirectos entre ambos países.

No se han precisado aún los términos exactos de las «condiciones» iraníes para el cierre de otras vías de navegación, ni qué rutas alternativas quedarían afectadas. Tampoco hay confirmación oficial por parte del Departamento de Estado estadounidense sobre esta propuesta, por lo que el anuncio debe entenderse, por ahora, como la versión unilateral del Gobierno iraní sobre el estado de unas negociaciones que continúan siendo opacas para la opinión pública.

La partida se juega en un tablero más amplio: el control del tráfico marítimo estratégico en el golfo Pérsico se ha convertido en una de las palancas de presión más eficaces de Irán frente a Occidente, en un momento en que Washington busca estabilizar varios frentes simultáneos —Ucrania, Oriente Medio— antes de las elecciones legislativas estadounidenses. Queda por ver si Washington acepta las condiciones planteadas por Teherán o si la propuesta queda, de momento, en una declaración de intenciones.

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