La Iberofonía: la comunicación como trinchera

«Aquí no hemos venido a sembrar la paz, sino la guerra.»


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Equipo de edición de La Iberofonía, medio de comunicación del Ateneo Iberófono Juan Latino.

El siguiente texto recoge, de forma muy resumida los diez ejes principales de la intervención de Jaime GoigLa Iberofonía– , durante los III Encuentros de Vanguardia Española. Bajo el título «La Iberofonía: la comunicación como trinchera», la ponencia planteó la necesidad de pasar de la queja aislada a la organización comunicativa, territorial y militante de una comunidad iberófona con conciencia estratégica.

1. Estamos hartos, pero desorganizados

“No falta rabia. No falta inteligencia. No falta malestar. Lo que falta es organización. Hay miles de personas viendo lo mismo, sufriendo lo mismo y llegando a diagnósticos parecidos, pero encerradas en cámaras de eco, aisladas y convencidas de que están solas. Esa es la primera derrota: la desconexión”.

2. La pantalla no crea comunidad

Una comunidad política no nace de un hilo en X ni de una discusión entre convencidos. Nace cuando la gente se ve, se escucha, se reconoce y empieza a actuar junta. Las redes sirven para amplificar, pero el vínculo real se construye en la presencia, en el territorio y en el compromiso material”.

3. La Iberofonía no es una web

La Iberofonía no puede reducirse a un periódico digital. Una web es una herramienta, no un proyecto histórico. La Iberofonía aspira a ser medio, nodo, archivo, red y trinchera comunicativa “.

4. El problema no es hablar: es controlar los canales

Nos dijeron que Internet era libertad. Mentira a medias. Internet está controlado por servidores, plataformas, algoritmos, fondos, agencias, Estados y monopolios tecnológicos que dependen del enemigo. La palabra que depende de un algoritmo no es libre: está alquilada. Puede ser enterrada, bloqueada, desmonetizada o expulsada sin juicio ni defensa”.

5. No basta con tener razón

“Tener razón no sirve de nada si nadie te escucha. Escribir bien no basta si no llegas. Denunciar no basta si no organizas. Publicar no basta si dependes de las herramientas del adversario. La batalla actual no es solo doctrinal: es técnica, mediática, organizativa y comunitaria”.

6. Hay que identificar al enemigo y ordenar el campo de aliados

“Si no identificamos bien al enemigo, toda estrategia fracasa. Pero identificar al enemigo no significa señalar al primero que nos irrita, ni reducir el conflicto a un partido, una sigla o una ideología concreta. Eso es quedarse en la superficie.

El enemigo real son los sistemas de poder que trabajan contra la soberanía de nuestros pueblos, contra la continuidad histórica de la Iberofonía y contra la posibilidad de que España, Portugal, Brasil, Hispanoamérica, África lusófona, Guinea Ecuatorial, Filipinas, Puerto Rico, Guam o Timor Oriental se piensen como un espacio estratégico común.

Por eso la vieja división izquierda-derecha ya no basta. Hay cuestiones en las que esa división solo sirve para distraer, dividir y agotar fuerzas. El eje decisivo es otro: el eje amigo-enemigo.

Pero ese eje no debe entenderse de forma infantil. No todo el que discrepa es enemigo. No todo el que no comparte nuestra visión completa debe ser expulsado del campo de colaboración. Y no todo el que usa nuestras palabras milita realmente a nuestro lado.

Hay que distinguir con finura, aunque la cartografía que les comparto requiere de mucha mayor precisión y profundidad, pero espero que les sirva como referencia:

Enemigo estructural: quien trabaja de forma constante contra la soberanía, la continuidad cultural, la unidad histórica y la capacidad de organización de nuestros pueblos.

Adversario coyuntural: quien puede enfrentarse a nosotros en un asunto concreto, pero no necesariamente forma parte del sistema profundo que combate la Iberofonía.

Aliado estratégico: quien comparte el diagnóstico de fondo, el horizonte general y la necesidad de construir poder propio.

Aliado táctico: quien no coincide con nosotros en todo, pero puede colaborar en una batalla concreta: defensa de la soberanía, denuncia de la censura, protección de comunidades, crítica al poder financiero, oposición a una operación geopolítica determinada o resistencia frente a una imposición concreta.

Espacio recuperable: personas, asociaciones, comunidades o instituciones que hoy están confundidas, desorganizadas o capturadas parcialmente, pero que todavía pueden ser atraídas hacia una posición más clara.

Espacio hostil: estructuras, plataformas, intereses o grupos cuya función es bloquear, neutralizar, dividir o destruir cualquier posibilidad de reconstrucción iberófona.

“Esta distinción es fundamental. Si confundimos a un adversario coyuntural con un enemigo estructural, gastamos fuerzas donde no toca. Si tratamos a un aliado táctico como si tuviera que compartirlo todo, destruimos posibilidades de acción. Si no detectamos los espacios recuperables, regalamos terreno. Y si no reconocemos los espacios hostiles, entramos desarmados donde ya nos están esperando”.

La política real exige cartografía. Hay que saber quién está enfrente, quién puede estar al lado, quién puede ser neutralizado, quién puede ser atraído y quién debe ser combatido sin piedad.

Un enemigo mal definido produce una estrategia equivocada. Una estrategia equivocada divide, desgasta y fracasa. Por eso La Iberofonía debe ayudar a construir esa cartografía del conflicto: no para gritar más, sino para golpear mejor”.

“Como he observado antes: esta es una simplificación extrema que sólo sirve de referencia, este punto de la intervención precisaría de mayor tiempo de exposición , clasificación y desarrollo”.

7. Hay que migrar progresivamente fuera del cerco enemigo

“No podemos abandonar de golpe Instagram, Facebook, X o YouTube, porque ahí está todavía buena parte del público. Pero hay que dejar de vivir arrodillados ante esas plataformas. Deben ser solo escaparates que deben redireccionarse.

La estrategia es clara: migración progresiva hacia canales menos dependientes del ámbito tecnológico enemigo. Comencemos a trabajar , poco a poco, con redes como Telegram o VK aunque migrar no baste y esa migración no sea rápida. Trabajemos sin prisa, pero sin pausa.

El objetivo de fondo debe ser construir herramientas propias: páginas web propias, boletines, listas de correo, archivos, repositorios, canales audiovisuales, servidores propios, sistemas de difusión directa, bases documentales, herramientas técnicas autónomas y modelos de inteligencia artificial entrenados por nosotros, con nuestros criterios, nuestros archivos, nuestra terminología y nuestra visión del mundo.

Porque quien controla los datos, controla la memoria. Quien controla los algoritmos, condiciona la palabra. Y quien controla la infraestructura, decide quién habla, quién desaparece y quién queda reducido al silencio.

Si mañana cae una cuenta, la comunidad debe seguir viva. Si una plataforma reduce el alcance, el mensaje debe circular por otra. Si nos cierran una puerta, deben existir cinco ventanas abiertas. Y si no existen, habrá que fabricarlas”.

8. Hay que construir presión organizada

Ellos tienen fundaciones, medios, observatorios, universidades, productoras, gabinetes jurídicos, financiación, técnicos y redes de influencia. Nosotros no podemos conformarnos con cuentas en redes y ocurrencias individuales.

Hay que enlazar medios, autores, asociaciones, abogados, diseñadores, programadores, editores, canales, convocatorias y espacios físicos. Hay que citarnos, entrevistarnos, defendernos y reaccionar juntos. Un ataque contra uno no puede quedar aislado. Una iniciativa útil no puede morir por falta de difusión.

9. Internet amplifica, pero el territorio organiza

La influencia real no vive en la pantalla. Vive en asociaciones, librerías, tertulias, colegios, hermandades, barrios, pueblos, universidades, comercios, parroquias y comunidades concretas.

Las parroquias, por ejemplo, siguen siendo una red social presencial en buena parte del mundo iberófono: conectan familias, generaciones, barrios y pueblos. No se trata de instrumentalizar nada de forma burda, sino de entender que donde existe comunidad organizada, existe posibilidad de comunicación real. Sin territorio no hay comunidad. Sin comunidad no hay fuerza”.

10. Hay que pasar del activismo a la militancia

El activista digital se indigna cinco minutos, publica en X, insulta a un adversario y cree que ha hecho historia. Confunde ruido con poder, visibilidad con influencia y aplausos de su cámara de eco con victoria política.

El militante es otra cosa. Se forma, lee, escucha, detecta oportunidades, sabe cuándo hablar y cuándo callar. No busca desahogarse: busca intervenir. No quiere tener razón delante de los suyos: quiere ganar terreno fuera de los suyos.

La Iberofonía debe formar militantes de la comunicación: personas capaces de llevar una idea a la familia, al trabajo, a la asociación, a la parroquia, al sindicato, a la universidad, al barrio, a la calle.

Esto no va de consumir un medio. Va de construir una red. No venimos a lamentar la decadencia: venimos a confrontar la hegemonía. Aquí no hemos venido a sembrar la paz, sino la guerra.

Esa es la tarea de La Iberofonía: informar, conectar, ordenar, formar, activar y dar continuidad a una comunidad iberófona dispersa. Por eso este proyecto entra en una nueva fase.

La Iberofonía deja de ser el órgano de difusión del Ateneo Iberófono Juan Latino para convertirse en una plataforma, con mayor flexibilidad, autonomía e impacto.

El Ateneo continuará su labor de implantación territorial, formación comunitaria y trabajo a largo plazo y sobre el terreno. A través de La Iberofonía les iremos informando de acciones concretas.

No buscamos espectadores ni simpatizantes silenciosos. Necesitamos personas que escriban, difundan, corrijan, traduzcan, graben, editen, diseñen, programen, organicen actos, abran contactos y lleven contenidos a sus barrios, universidades, comercios, centros culturales, comunidades y círculos profesionales.

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