Román Hernández Suárez
(Colombia) Músico, arreglista y violinista en la Orquesta Sinfónica del Centro de Buenos Aires. Estudia Producción Musical en la Universidad Nacional de las Artes de Argentina y cursa el programa de Experto Universitario en Materialismo Político en el Instituto Beatriz Galindo. Se desempeña como secretario político de Vanguardia Colombiana, donde ha publicado artículos sobre filosofía política e historia.
Es muy común ver gente, tanto en Asia como en “occidente” concebir a los chinos como una civilización con 5.000 años de “historia”, incluso he escuchado ciudadanos chinos afirmar que “China ha visto nacer y caer a todos los imperios de occidente”, haciendo referencia explícitamente a los incas, a los “aztecas” (mexicas), a los mayas, al imperio romano, español, otomano, británico y etc.
Da la impresión que se creen que nosotros (los hispanos) salimos de la nada o que estamos recién llegados al mundo reduciendo nuestra historia a nuestra vida republicana.
Afirmar que China tiene más de cinco mil años de “historia” es un error porque presupone una “unicidad” y una “continuidad” que no existen pues los chinos también están supeditados al Symploké, tienen rupturas y continuidades en su historia.
China es una pluralidad de pueblos distintos y no todas sus etnias son igual de antiguas: su lenguaje escrito más antiguo confirmado son los “jiǎgǔwén” (甲骨文) o inscripciones en huesos oraculares que datan de la dinastía Shang, aproximadamente entre 1.200 y 1.050 a.C y su “Reino” más antiguo históricamente confirmado es el Shang, del siglo XVII a.C.
Aquí se puede ver el primer error, porque a partir de esas fechas (1.200 a.C) es que empieza realmente su historia, antes de tener lenguaje escrito es PREHISTORIA.
Y además, los chinos son un montón de pueblos, “reinos” y dinastías que fueron surgiendo y cayendo; unas a otras se iban encontrando, conquistando, mezclando, separando, sucediendo, etc, hasta que hubo un poder imperial capaz de unificarlos y centralizarlos, igual que nosotros, los hispanos.
¿Por qué se nos ve entonces con paternalismo como si ellos fuesen más “milenarios”, “antigüos” o incluso más “sabios” y se suele reducir nuestra historia a nuestra vida repúblicana o cuánto mucho, a nuestro pasado imperial español, es decir hace quinientos años?.
Eso es porque presuponen, por ejemplo, que como el imperio Inca “cayó” eso significa que se “perdió” o se “extinguió” cuando en realidad lo que hubo fue un traspaso de dinastía y una fusión-integración de la civilización Inca en otra: la hispana: el rey de España pasó a ser el Inca, y todos los elementos culturales incas los pasamos a heredar en el mundo hispano a través del Perú, tanto el Perú Virreynal como el republicano, pues por ejemplo, el idioma español contiene más de 30 mil palabras, expresiones y conocimientos de origenes indígenas americanos. Siendo la civilización Inca heredera de los pueblos andinos cuya tradición milenaria data desde el 3000 a.C por lo que nuestro componente incario es el último y más complejo momento político de una larga tradición milenaria andina.
Y lo mismo pasa con los mexicas, con los muiscas, con los guaranís, tlaxcaltecas, los iberos, celtas, con lo aragonés, con lo gallego, con lo leones, lo subsahariano y demás pueblos a quienes no solo llevamos en la sangre sino que cuya integración y mestizaje son partes fundamentales que consolidaron el carácter y la esencia de lo que somos hoy en día como hispanos por donde sea que se mire (costumbres, creencias, tradiciones, música, artes, proverbios, gastronomía, vestimenta, valores morales, técnicas, descubrimientos cosmovisiones, etc).
Y como al ser hispanos, somos latinos, somos legítimamente romanos del siglo XXI -porque sumado al hecho de que la Hispania era una legítima provincia romana, los reyes católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón heredaron por traspaso el título de emperadores del imperio romano de occidente-, y eso nos hace también herederos de lo griego, lo egipcio, lo fenicio, lo judeo cristiano, etc, o al menos de los elementos que fueron integrados y asimilados en el inmenso mestizaje que dió origen a lo romano-latino.
Entonces tenemos por un lado la narrativa que China necesita construir para su proyecto político con un discurso en el que su civilización tiene una “continuidad milenaria” desde sus raíces neolíticas hasta hoy, como una línea cultural y política sin rupturas con “cinco mil años de historia”, pero a nosotros se nos ve como una civilización “joven” maximizando nuestras rupturas históricas y negando o minimizando nuestras continuidades, para negar así que somos tan “milenarios” como ellos: las letras que uso para escribir este artículo, el abecedario -que son las mismas letras que usaban los romanos solo que con unas 4 letras más- existen al menos desde el 700 a.C; y es más, el alfabeto romano procede del etrusco, del griego arcaico y, en última instancia, del alfabeto fenicio que a su vez, se originó a partir del protosinaítico: un sistema inspirado en los jeroglíficos egipcios que datan del 1800–1500 a. C. En ese sentido, nuestra tradición alfabética es más antigua que los primeros testimonios conservados de la escritura china.
Pero por culpa de la leyenda negra que niega, rechaza o repudia nuestro componente hispano, es que no podemos entendernos como la civilización milenaria y plural que somos, y hace que en el resto del mundo se nos vea con paternalismo y se nos piense casi como si fuesemos recién salidos de la nada cuando en realidad somos herederos de un montón de elementos sociologicos, políticos, lingüísticos, jurídicos, culturales, antropológicos, gastronómicos, genéticos y en general somos un pueblo heredero de pueblos, tradiciones, sabiduría y conocimientos tan antiguos como los chinos o incluso más.
Por eso suelen referirse a nosotros como si es que acabasemos de llegar al mundo y ellos fueran más antigüos o milenarios, porque se ha construido un relato (que incluso nosotros creemos, sobre todo en América) que hace creer que empezamos a existir a partir de nuestra vida republicana. Pero hasta en eso tenemos más antigüedad: tenemos más de doscientos años de historia repúblicana mientras la República Popular China no empezó ni hace cien años y hasta su lengua nacional, el mandarín estándar, (aunque está basada en su tradición antigua) como tal es un invento también de hace cien años.
Y esta es una de las peores consecuencias de la leyenda negra: es verdad que nos falta madurar como civilización y los chinos son una civilización más madura. Y esto es así porque no se puede madurar como civilización sin reconocernos como tal, no porque no seamos tanto o más “milenarios” que los chinos.


